Versículos sobre

la ansiedad y la preocupación

Lo que dice la Biblia sobre la ansiedad y la preocupación

La ansiedad no es un invento moderno. Las palabras que eligieron los traductores de la Reina-Valera — afanosos, turbado, congoja, solicitud — describen algo que la gente ha cargado desde siempre.

Lo llamativo de estos pasajes es lo poco que regañan. La Escritura casi nunca le dice al ansioso que deje de estarlo. Le dice que entregue el peso a otro. La palabra de Pedro es echando: el gesto de lanzar algo lejos de tus propios hombros. Pablo no pide sentir distinto, sino pedir, y la paz que describe llega después, sin explicación.

Varios de estos textos los escribieron personas en apuros reales. Pablo escribió Filipenses desde la cárcel. Muchos salmos de David nacieron mientras lo perseguían. Eso importa: no es consuelo ofrecido desde lejos.

Los versículos

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1 Pedro 5:7

Echando toda vuestra solicitud en él, porque él tiene cuidado de vosotros.

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Filipenses 4:6

Por nada estéis afanosos; sino sean notorias vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con hacimiento de gracias.

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Filipenses 4:7

Y la paz de Dios, que sobrepuja todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros entendimientos en Cristo Jesús.

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Mateo 6:34

Así que, no os congojéis por el día de mañana; que el día de mañana traerá su fatiga: basta al día su afán.

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Salmos 55:22

Echa sobre Jehová tu carga, y él te sustentará; no dejará para siempre caído al justo.

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Isaías 41:10

No temas, que yo soy contigo; no desmayes, que yo soy tu Dios que te esfuerzo: siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia.

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Juan 14:27

La paz os dejo, mi paz os doy: no como el mundo la da, yo os la doy. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo.

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Salmos 94:19

En la multitud de mis pensamientos dentro de mí, tus consolaciones alegraban mi alma.

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Mateo 11:28

Venid á mí todos los que estáis trabajados y cargados, que yo os haré descansar.

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Salmos 46:1

Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones.

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Leyendo estos pasajes

La frase sobre echar la carga viene de un salmo sobre haber sido traicionado por un amigo.

El Salmo 55 no es una meditación general sobre la preocupación. Es un hombre describiendo una herida concreta, y es preciso al explicar por qué ésta es peor que las alternativas: Porque no me afrentó un enemigo, lo cual habría soportado; ni se alzó contra mí el que me aborrecía, porque me hubiera ocultado de él.

Después lo nombra. Mas tú, hombre, al parecer íntimo mío, mi guía, y mi familiar: Que juntos comunicábamos dulcemente los secretos, á la casa de Dios andábamos en compañía. Alguien con quien oraba.

A mitad del salmo dice lo que ha pensado cualquiera en esa posición: Y dije: ¡Quién me diese alas como de paloma! volaría yo, y descansaría. Quiere irse. Sólo después de todo eso —la herida, el nombramiento, las ganas de huir— llega el salmo a Echa sobre Jehová tu carga, y él te sustentará.

La instrucción no se ofrece como primera reacción. Es a lo que llega un hombre al final de un mal tramo, habiendo querido ya escaparse.

Echar sobre

Pedro usa la misma imagen, y en castellano usa también el mismo verbo y la misma preposición: Echando toda vuestra solicitud en él, porque él tiene cuidado de vosotros.

El griego es epirrhípto, y aparece en un solo lugar más del Nuevo Testamento: los discípulos echaron sobre el pollino sus vestidos antes de que Jesús entrara en Jerusalén. Es una palabra para arrojar una cubierta sobre el lomo de un animal, para trasladar una carga a algo construido para llevarla. En español el hilo se ve entero, porque las tres escenas —el salmo, Pedro y el pollino— usan el mismo echar.

De ahí salen dos cosas. No es un verbo para reprimir un sentimiento: lo que se describe va a alguna parte en vez de quedarse contenido. Y no es delicado; nadie coloca cuidadosamente un manto sobre un burro.

Hay que decir algo sobre solicitud, porque la palabra se ha mudado de sitio. Hoy una solicitud es un formulario. En 1909 significaba lo que significa el latín sollicitudo: inquietud, desasosiego, y la raíz es sollus más citare, «enteramente puesto en movimiento». La palabra que el lector moderno lee como un trámite describía, cuando se imprimió esta versión, a alguien agitado por completo.

Afán

El castellano de esta página tiene una palabra que hace de columna vertebral y que el lector reconocerá al instante. Filipenses: Por nada estéis afanosos. Y Mateo, cerrando el argumento del sermón: basta al día su afán.

El griego usa merimna en los dos sitios, y el español usa afán, de modo que el vínculo sobrevive. Pero afán no dice lo mismo que merimna, y la diferencia vale la pena.

Afán en español es esfuerzo, trajín, empeño: afanarse es trabajar duro. La palabra sitúa la ansiedad en el terreno del trabajo, no en el del sentimiento —y quien haya pasado una noche en vela sabe que eso no es una metáfora forzada. La preocupación cansa como cansa un turno.

Merimna, en cambio, viene probablemente de un verbo que significa dividir o separar. Estar ansioso, en esa etimología, es quedar partido en trozos.

Y el hebreo hace algo notablemente parecido. El Salmo 94 dice En la multitud de mis pensamientos dentro de mí, tus consolaciones alegraban mi alma, y la palabra detrás de pensamientos es sar'appim, un sustantivo raro construido sobre la raíz de ramificarse: la misma que da la palabra para las ramas de un árbol. El salmista no está describiendo muchos pensamientos. Describe un pensamiento que se bifurca sin parar.

Dos lenguas antiguas, dos familias de palabras sin parentesco, y las dos localizan el problema en la división y no en la cantidad. Lo cual se parece más a la experiencia que «preocuparse demasiado».

Angostura

Mateo usa otro verbo, y éste sí es una aportación del castellano: Así que, no os congojéis por el día de mañana; que el día de mañana traerá su fatiga.

Congojarse viene del latín congustiare, de angustus: estrecho. Es la misma raíz que da angustia y que está, más lejos, detrás de ansiedad. Donde el griego dice partir, el español dice estrechar. La congoja es el mundo cerrándose hasta dejar un pasillo.

Son dos metáforas distintas y no hace falta elegir entre ellas; ninguna es la palabra original de Mateo, y las dos describen algo que el otro no alcanza. Lo que sí vale la pena notar es que la conclusión del versículo se lee como consuelo y está más cerca de la aritmética: basta al día su afán.

No dice que mañana vaya a estar bien. Dice que hoy ya trae una ración completa y que importar más desde mañana suma a un total que ya está cerrado. La frase anterior sostiene lo mismo por personificación — el día de mañana traerá su fatiga — y le entrega a mañana su propio trabajo, negándose a hacerlo por adelantado.

Es un consuelo extraño y conviene ser honesto al respecto. Nada aquí promete que el problema sea pequeño ni que vaya a pasar. Lo único que se afirma es cuánto de él pertenece a esta hora.

La guarnición

Por nada estéis afanosos; sino sean notorias vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con hacimiento de gracias.

Fíjese en la instrucción que ocupa el lugar del afán. Pablo no dice sienta usted otra cosa, ni piense correctamente, ni tenga más fe. Dice pida. El remedio que ofrece para una mente dividida es una acción concreta y bastante prosaica.

Lo que sigue no es la concesión de lo pedido: Y la paz de Dios, que sobrepuja todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros entendimientos en Cristo Jesús.

El verbo griego es phrourēo, y es un término militar: significa poner guarnición en una ciudad, montar guardia en la muralla. Filipos era una colonia romana con población de veteranos; sus lectores sabían exactamente cómo era una guarnición y para qué servía.

La imagen es precisa sobre lo que se ofrece y lo que no. Una guarnición no elimina la amenaza que está fuera de los muros. Se interpone entre la amenaza y lo que está dentro, y aquí se nombra qué es lo que queda dentro: los corazones y los entendimientos. No las circunstancias.

Que no se enturbie

No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo.

El verbo griego es tarásso, y describe agua que se agita: un estanque revuelto, el sedimento levantado del fondo. Juan lo usa de una multitud alborotada y del agua del estanque cuando se mueve. Habla de perturbación más que de miedo propiamente: el estado de algo que estaba asentado y ha dejado de estarlo.

El castellano acierta aquí más de lo que parece. Turbar y turbio son la misma familia, y el agua turbia es precisamente agua cuyo fondo se ha levantado. La palabra conserva la imagen que el griego tenía.

Lo que el español no conserva es lo siguiente. Un capítulo antes, en el mismo evangelio, Juan usa ese mismo verbo griego de Jesús: en la última cena, antes de nombrar al que lo iba a entregar. Esta versión lo traduce fué conmovido en el espíritu, con otras palabras, de modo que el lector en castellano no puede ver que es el mismo término. Lo es.

Y eso cambia quién está hablando. La instrucción no se emite desde una posición de no haber estado nunca en ese estado. Sea lo que sea que pida No se turbe vuestro corazón, no está pidiendo algo que quien lo dice hubiera mantenido perfectamente. No suaviza el mandato, pero sí modifica de quién viene.

Cargados

La invitación de Mateo va dirigida a un grupo concreto, y la gramática de la descripción es fácil de pasar por alto: Venid á mí todos los que estáis trabajados y cargados, que yo os haré descansar.

Los dos participios no hacen lo mismo. Trabajados apunta a gente que se está afanando: es el afán otra vez, y en español la conexión con Filipenses queda a la vista. Cargados es un participio pasivo: alguien los cargó. Pasivo, es decir que el peso se lo puso otro.

Mateo no dice quién. En el contexto inmediato de su evangelio, lo más probable es que se refiera a la enseñanza religiosa de la época, que Jesús describe en otro lugar como atar cargas pesadas sobre los hombros de la gente. Pero la gramática lo deja abierto, y la invitación no exige identificar la fuente antes de aceptar.

Lo que sí establece es que la carga no se está tratando como culpa del que la lleva. Eso es poca cosa y no es poca cosa. Casi todo consejo sobre la ansiedad llega con una insinuación sobre quien lo recibe; esta frase, en su gramática, se abstiene.

Pronto auxilio

El salmo lo comprime en una línea: Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones.

El hebreo detrás de pronto no significa rápido sino hallado: un auxilio que se encuentra, abundantemente disponible, fácil de localizar. Es una afirmación sobre accesibilidad más que sobre poder, y es la segunda mitad de la frase la que hace el trabajo, no la primera. Amparo y fortaleza son afirmaciones comunes. Estar a mano es la que importa en el momento en que hace falta.

Y en las tribulaciones no es un detalle. Todas las promesas de esta página están situadas dentro de la dificultad y no después de ella: la carga se echa mientras todavía pesa, la guarnición se monta mientras la amenaza sigue afuera, los pensamientos ramificados del salmista no se detienen. Ninguno de estos versículos describe una ansiedad que terminó. Describen lo que hay disponible mientras dura.

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Preguntas frecuentes

¿Qué dice la Biblia sobre la ansiedad y la preocupación?

La ansiedad no es un invento moderno. Las palabras que eligieron los traductores de la Reina-Valera — afanosos, turbado, congoja, solicitud — describen algo que la gente ha cargado desde siempre.

¿Cuál es el versículo más citado sobre la ansiedad y la preocupación?

1 Pedro 5:7 — “Echando toda vuestra solicitud en él, porque él tiene cuidado de vosotros.”

¿Qué significa echar las cargas sobre Dios?

La palabra griega de 1 Pedro 5:7 se usa para lanzar un manto sobre el lomo de un animal: describe transferir una carga, no reprimir un sentimiento. La razón que da es que él tiene cuidado de ti, no que la preocupación fuera irracional.

¿Dice la Biblia que la ansiedad es pecado?

Estos pasajes no regañan. Filipenses 4:6 pide traer las peticiones, no sentir distinto, y Pablo lo escribió desde la cárcel. El Salmo 94:19 describe una multitud de pensamientos sin afirmar que se detuvieran.

Temas relacionados

Escritura: Reina-Valera 1909, dominio público. Última actualización: 15 de agosto de 2026.