Versículos sobre

el perdón

Versículos sobre perdonar y ser perdonado

El perdón en los Evangelios incomoda porque nunca se presenta como opcional. Mateo 6 pone las dos direcciones en una sola frase: perdona y serás perdonado; retenlo y se te retiene. Jesús no ofrece cláusula de excepción, y eso ha inquietado a los lectores durante dos mil años.

La pregunta de Pedro en Mateo 18 busca el límite. Siete veces le parecía generoso; la costumbre rabínica sugería tres. La respuesta que recibe — setenta veces siete — no es tanto un número mayor como una negativa a llevar la cuenta.

Conviene decir con claridad lo que estos versículos no dicen. Ninguno manda volver junto a quien te está haciendo daño, ni llamar al daño otra cosa. La Escritura trata el perdón y la reconciliación por separado, y confundirlos ha causado mucho mal.

Los versículos

Toca cualquier versículo para abrirlo en FirstVerse, donde puedes leer el pasaje que lo rodea, lo que escribieron los comentaristas y los pasajes relacionados.

Efesios 4:32

Antes sed los unos con los otros benignos, misericordiosos, perdonándoos los unos á los otros, como también Dios os perdonó en Cristo.

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Colosenses 3:13

Sufriéndoos los unos á los otros, y perdonándoos los unos á los otros si alguno tuviere queja del otro:

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Mateo 6:14

Porque si perdonareis á los hombres sus ofensas, os perdonará también á vosotros vuestro Padre celestial.

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Mateo 6:15

Mas si no perdonareis á los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas.

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Mateo 18:22

Jesús le dice: No te digo hasta siete, mas aun hasta setenta veces siete.

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Lucas 6:37

No juzguéis, y no seréis juzgados: no condenéis, y no seréis condenados: perdonad, y seréis perdonados.

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1 Juan 1:9

Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para que nos perdone nuestros pecados, y nos limpie de toda maldad.

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Salmos 103:12

Cuanto está lejos el oriente del occidente, hizo alejar de nosotros nuestras rebeliones.

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Isaías 43:25

Yo, yo soy el que borro tus rebeliones por amor de mí; y no me acordaré de tus pecados.

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Romanos 12:21

No seas vencido de lo malo; mas vence con el bien el mal.

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Abre Mateo 18:22 en FirstVerse para ver cómo trataron ese número los comentaristas de tres siglos distintos.

Cómo leer estos pasajes

Detrás de la única palabra perdonar hay dos verbos griegos distintos, y no hacen el mismo trabajo. Mateo y Lucas usan aphiemi: soltar, despedir, dejar ir. Es la palabra corriente para cancelar una deuda o despedir a una multitud, sin ningún color religioso propio. Pablo, escribiendo a los efesios y a los colosenses, usa charizomai, formado sobre charis, gracia: dar de balde, entregar algo como regalo.

El español no marca la diferencia en ninguno de los dos casos, y por eso conviene señalarla. Los dos verbos responden a objeciones distintas. Soltar le habla a quien no consigue dejar en el suelo un agravio. Regalar le habla a quien cree que el agravio tiene que pagarlo alguien primero. La Escritura usa los dos y no elige entre ellos.

El lenguaje de la deuda

El Padrenuestro pide el perdón en términos comerciales: Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos á nuestros deudores. El sustantivo griego es opheilema: lo que se debe. No es una metáfora buscada; es la palabra que habría usado cualquier acreedor del siglo primero para hablar de dinero.

Dos versículos después Mateo cambia la imagen. Donde el 12 decía deudas, el 14 dice ofensas, que traduce paraptoma, un paso en falso, un tropiezo. El mismo pasaje describe el mismo problema dos veces: como algo que se debe y como algo en lo que se cae. Ninguna de las dos imágenes es la oficial.

El lenguaje de la deuda hace casi todo el trabajo teológico aquí, y pone un límite a lo que el perdón puede llegar a significar. Una deuda cancelada no es una deuda que nunca se contrajo, ni una deuda que al revisarla resultó ser menor de lo que parecía. La suma queda. Lo que cambia es que se retira el reclamo. Nada en la palabra sugiere que la pérdida fuera imaginaria, ni que quien suelta haya dejado de saber lo que le costó: solo que ha dejado de cobrarlo.

El versículo más duro

Mateo enuncia la promesa y, en la frase siguiente, la da vuelta: Porque si perdonareis á los hombres sus ofensas, os perdonará también á vosotros vuestro Padre celestial. Mas si no perdonareis á los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas.

No hay cláusula de excepción ni matiz que lo suavice, y los cristianos llevan muchísimo tiempo leyendo esa segunda frase de al menos tres maneras.

Unos la leen como diagnóstico. Según esa lectura el versículo describe una condición en vez de imponerla: quien no perdona muestra, con esa negativa, que no ha entendido lo que se le perdonó a él. La parábola que sigue en Mateo 18, donde un siervo librado de una deuda impagable agarra a un compañero por una insignificancia, suele citarse como apoyo.

Otros la leen como una condición sin más. Esta lectura tiene la historia más larga: así entendió la petición buena parte de la tradición patrística y medieval, y la lectura diagnóstica es en gran medida posterior. La frase dice lo que dice, y la incomodidad que produce es justamente su asunto.

Una tercera lectura distingue entre la posición y la comunión: el creyente que no perdona no ha perdido la salvación, pero sí ha interrumpido su trato con Dios, como lo interrumpe cualquier pecado no confesado.

No son compatibles, y esta página no va a resolver una cuestión que la iglesia lleva dos mil años dejando abierta. Lo que sí conviene notar es que bajo cualquiera de las tres el versículo es severo. Ninguna lectura disponible lo vuelve cómodo, y las que lo intentan suelen ser las que dejan de citar el versículo 15.

Un detalle que se pierde con facilidad: esto está dentro del Padrenuestro, que va en plural de principio a fin. Perdónanos, nuestras deudas. Haga lo que haga el versículo, no se dirige a alguien que resuelve a solas su situación particular.

Setenta veces siete

Pedro llega con una pregunta que suena generosa: Señor, ¿cuántas veces perdonaré á mi hermano que pecare contra mí? ¿hasta siete? La costumbre rabínica de la época sugería tres. Pedro ya ha más que duplicado la cifra antes de preguntar, que es como pregunta quien espera que lo feliciten.

La respuesta: No te digo hasta siete, mas aun hasta setenta veces siete.

El griego es genuinamente ambiguo. Hebdomekontakis hepta puede entenderse como setenta y siete o como setenta veces siete, y las traducciones modernas se reparten entre las dos; la Reina-Valera toma la segunda. Da bastante igual cuál sea, porque las dos cifras pasan del punto en que alguien podría llevar la cuenta, y no poder llevar la cuenta es la respuesta que recibió Pedro.

La fórmula tiene historia, y esa es la parte que conviene saber. Aparece una sola vez antes en la Escritura, en boca de Lamec, cinco generaciones después de Caín: Si siete veces será vengado Caín, Lamech en verdad setenta veces siete lo será. Lamec está fanfarroneando. Ha matado a un hombre que lo hirió y anuncia una escalada: la primera declaración registrada de venganza desproporcionada.

En castellano el eco se oye mejor que en el original inglés de esta misma guía, donde las dos frases se traducen distinto. Aquí son las mismas cuatro palabras, idénticas, en Génesis y en Mateo: setenta veces siete. La fórmula de la venganza sin límite queda convertida, sin comentario alguno, en la fórmula del perdón sin límite.

Un tercer verbo

Lucas cuenta la misma enseñanza con otra palabra más. Donde Mateo tiene aphiemi, Lucas 6:37 usa apolyo: soltar, dar de alta, dejar libre. Es el verbo de excarcelar a un preso y el verbo de disolver un matrimonio. De los tres es el más físico: algo que se tenía agarrado deja de estarlo.

El versículo cierra una secuencia breve que va subiendo: No juzguéis, y no seréis juzgados: no condenéis, y no seréis condenados: perdonad, y seréis perdonados.

Juzgar es una opinión. Condenar es un veredicto. Perdonar no es ninguna de las dos: es un acto, y es el único de los tres que se manda hacer en lugar de mandar dejar de hacer. Los dos primeros se cumplen callándose. El tercero no.

Pablo pone el lado horizontal en lenguaje de competencia: No seas vencido de lo malo; mas vence con el bien el mal. El verbo griego es nikao, vencer, la raíz que está detrás del nombre Nicolás y detrás de Nike. El encuadre es raro y vale la pena tomárselo en serio. Pablo no dice que devolver mal por mal esté mal, aunque lo piense. Dice que es perder. Quien responde con lo mismo ha sido vencido por aquello contra lo que peleaba.

Y Efesios da el fundamento de todo, con el verbo del regalo y no con el de soltar: perdonándoos los unos á los otros, como también Dios os perdonó en Cristo. Aquí el castellano es más literal que muchas traducciones inglesas, que interpretan la frase como «por causa de Cristo». El griego dice sencillamente en Cristo, y la diferencia no es menor: no se trata de que a Dios lo convenciera Cristo, sino de que el perdón ocurre dentro de él.

Fiel y justo

Juan describe el lado de Dios con un par de palabras al que casi todos los lectores pasan por encima: Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para que nos perdone nuestros pecados, y nos limpie de toda maldad.

Fiel y misericordioso es lo que la frase parece pedir. La palabra es dikaios: justo, recto, el término del tribunal. Lo que se afirma no es que Dios sea indulgente con un pecado confesado, sino que no perdonarlo sería una injusticia. Se le dé el peso que se le dé, eso no apela a la buena disposición de Dios. Apela a su coherencia.

Isaías dice lo mismo desde el otro lado y con una franqueza que sorprende: Yo, yo soy el que borro tus rebeliones por amor de mí; y no me acordaré de tus pecados. El motivo declarado no es la lástima ni el mérito de nadie. Es por amor de mí.

El versículo de Juan usa además dos verbos donde bastaría uno: perdonar y limpiar. Soltar y lavar. Se retira el reclamo y se atiende por separado lo que queda pegado — cosa que reconocerá cualquiera que haya sido perdonado de algo y lo siga sintiendo.

Los Salmos lo dicen en geografía: Cuanto está lejos el oriente del occidente, hizo alejar de nosotros nuestras rebeliones.

La elección del eje merece atención. Camina bastante hacia el norte y llegarás al polo, y a partir de ahí cada paso va hacia el sur; las dos direcciones se encuentran y la distancia entre ellas es finita. El oriente y el occidente no se encuentran nunca. Vayas por donde vayas sigues yendo en esa dirección. De los dos pares de direcciones que hay, el salmo elige el que no tiene punto de encuentro.

Que es la nota con la que cierra Colosenses, y la razón por la que nada de esto se lee como consejo: de la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros. La instrucción no es que perdonar sea sano, ni que el rencor corroa, ni que soltar ayude. Es una comparación, y la comparación es el argumento entero.

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Preguntas frecuentes

¿Qué dice la Biblia sobre el perdón?

El perdón en los Evangelios incomoda porque nunca se presenta como opcional. Mateo 6 pone las dos direcciones en una sola frase: perdona y serás perdonado; retenlo y se te retiene. Jesús no ofrece cláusula de excepción, y eso ha inquietado a los lectores durante dos mil años.

¿Cuál es el versículo más citado sobre el perdón?

Efesios 4:32 — “Antes sed los unos con los otros benignos, misericordiosos, perdonándoos los unos á los otros, como también Dios os perdonó en Cristo.”

¿Significa Mateo 6:15 que Dios no me va a perdonar?

Los cristianos llevan siglos leyendo ese versículo de tres maneras: como descripción de lo que un corazón que no perdona revela sobre sí mismo, como condición real, y como asunto de comunión interrumpida y no de salvación perdida. El desacuerdo es antiguo y sigue abierto. Lo que ninguna de las tres lecturas consigue es volver cómodo el versículo.

¿Perdonar a alguien significa volver con esa persona?

La Escritura trata el perdón y la reconciliación por separado, y estos pasajes hablan del primero. Nada de lo que hay aquí manda volver junto a quien te está haciendo daño, ni llamar al daño otra cosa. El lenguaje de la deuda es exacto en esto: una deuda cancelada se debía de verdad, y retirar el reclamo no es lo mismo que decir que no se llevaron nada.

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Escritura: Reina-Valera 1909, dominio público. Última actualización: 15 de agosto de 2026.