Pablo llama a Dios el Padre de misericordias, y el Dios de toda consolación, y de inmediato da el propósito: para que podamos consolar a otros con el consuelo que recibimos. El consuelo en esa frase no es una posesión privada. Se transmite.
Isaías busca la imagen más sencilla que existe: como aquel a quien consuela su madre, así os consolaré yo. Nada teológico, nada elevado. Una madre con un hijo afligido.
El Salmo 23 es el pasaje más leído de la Biblia y la razón está en el cuarto versículo. No dice que el valle se evite. Dice aunque ande por él, y el consuelo que nombra es una vara y un cayado: herramientas de trabajo, no adornos.
Los versículos
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2 Corintios 1:3Bendito sea el Dios y Padre del Señor Jesucristo, el Padre de misericordias, y el Dios de toda consolación,
Abrir → 2 Corintios 1:4El cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos también nosotros consolar á los que están en cualquiera angustia, con la consolación con que nosotros somos consolados de Dios.
Abrir → Salmos 23:4Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno; porque tú estarás conmigo: tu vara y tu cayado me infundirán aliento.
Abrir → Mateo 5:4Bienaventurados los que lloran: porque ellos recibirán consolación.
Abrir → Salmos 34:18Cercano está Jehová á los quebrantados de corazón; y salvará á los contritos de espíritu.
Abrir → Isaías 66:13Como aquel á quien consuela su madre, así os consolaré yo á vosotros, y en Jerusalem tomaréis consuelo.
Abrir → Salmos 94:19En la multitud de mis pensamientos dentro de mí, tus consolaciones alegraban mi alma.
Abrir → Salmos 119:50Esta es mi consuelo en mi aflicción: porque tu dicho me ha vivificado.
Abrir → Isaías 41:10No temas, que yo soy contigo; no desmayes, que yo soy tu Dios que te esfuerzo: siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia.
Abrir → Juan 14:18No os dejaré huérfanos: vendré á vosotros.
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Cómo leer estos pasajes
Cinco versículos después de la frase con la que abre esta página, Pablo cuenta qué le había pasado: Porque hermanos, no queremos que ignoréis de nuestra tribulación que nos fué hecha en Asia; que sobremanera fuimos cargados sobre nuestras fuerzas de tal manera que estuviésemos en duda de la vida.
No dice qué fue. Se ha conjeturado un motín, una enfermedad, una cárcel, un naufragio; la carta da por hecho que sus lectores ya lo saben. Lo que sí dice es hasta dónde llegó —por encima de sus fuerzas, hasta dudar de seguir vivo— y luego añade una línea más rara todavía que la desesperación: Mas nosotros tuvimos en nosotros mismos respuesta de muerte, para que no confiemos en nosotros mismos, sino en Dios que levanta los muertos.
Ese es el hombre que escribe el pasaje sobre el consuelo más citado de toda la Escritura. No alguien que consuela desde lejos, ni alguien cuya desgracia se había resuelto con la limpieza suficiente para sacarle una lección. Escribe todavía cerca de ella.
Llamado al lado
La palabra griega que hay aquí detrás de consolación es paraklesis, formada sobre para, al lado, y kaleo, llamar. Significa un llamar-a-tu-lado: convocar a alguien para que se ponga contigo. Es la misma raíz de parakletos, el nombre que Jesús le da al Espíritu Santo en el evangelio de Juan.
Conviene tenerlo presente porque «consuelo» en castellano se ha ido hacia el alivio y la ternura, y lo que describe paraklesis no es un sentimiento que se le administra a alguien. Es alguien que llega y se queda ahí.
Pablo usa esa palabra o su verbo diez veces en cinco versículos. La insistencia no es casual; está martillando una sola idea: El cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos también nosotros consolar á los que están en cualquiera angustia, con la consolación con que nosotros somos consolados de Dios.
El razonamiento va en cadena, y el último eslabón es el que se salta todo el mundo. El consuelo recibido no es el final de la secuencia: es el equipo para la persona siguiente, y lo que habilita no es la sabiduría ni la formación sino haber estado ahí. Lo cual significa además que el mal trago no se desperdicia, aunque Pablo se cuida mucho de no decir en ningún momento que se lo mandaran para eso.
Una madre
Isaías busca la comparación más sencilla que hay, y no es la que el Antiguo Testamento suele buscar: Como aquel á quien consuela su madre, así os consolaré yo á vosotros, y en Jerusalem tomaréis consuelo.
La Escritura llama padre a Dios constantemente. Aquí, al final mismo de Isaías, en un pasaje sobre una ciudad arrasada que se reconstruye, la imagen es materna — y en concreto es la imagen de una madre con una criatura disgustada, que es un cuadro más estrecho y más físico del que suele traer la paternidad en estos textos. No se está argumentando nada. Se hace una comparación, y es la que reconoce cualquiera.
Los salmos mantienen el mismo registro. Cercano está Jehová á los quebrantados de corazón; y salvará á los contritos de espíritu. Cercano: la afirmación es sobre la proximidad antes que sobre el rescate, y el orden importa. La cercanía no es el premio por haberse recuperado.
Huérfanos
Juan 14:18 es uno de los sitios donde el castellano conserva algo que muchas traducciones inglesas dejan por el camino: No os dejaré huérfanos: vendré á vosotros.
La palabra griega es orphanous. Huérfanos, tal cual. Jesús habla la última noche, a unos hombres que están a punto de perderlo, y escoge la palabra que designa a los niños cuyo padre ha muerto. La versión inglesa más difundida pone ahí «sin consuelo» —defendible, porque el pasaje que rodea la frase trata del Consolador y querían mantener el hilo visible— pero la fuerza doméstica del original se le ablanda. En castellano no: dice huérfanos, y la frase golpea donde tiene que golpear.
Y lo que sigue no es una promesa de consuelo en abstracto sino de regreso. vendré á vosotros. El remedio que se ofrece contra la orfandad no es una explicación. Es alguien que vuelve.
Los salmos no maquillan
El Salmo 23 se lee en tantos funerales que su parte central se ha quedado muda, y la frase merece su peso literal: Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno; porque tú estarás conmigo: tu vara y tu cayado me infundirán aliento.
Ande en el valle: ni alrededor, ni fuera. El salmo no pretende que el valle se pueda esquivar o acortar, y la razón que da para no temer es una sola cláusula —tú estarás conmigo— que otra vez es presencia y no rescate.
Y fíjate en el verbo final, que es una pequeña joya de esta traducción. Donde otras lenguas ponen «me consuelan», la Reina-Valera dice que la vara y el cayado me infundirán aliento: me meterán aire dentro. No es un arrullo. Es lo que se le hace a alguien que se ha quedado sin respiración. Son además las dos herramientas de un pastor, una para espantar lo que amenaza al rebaño y otra para guiarlo, y ninguna de las dos quita el valle.
El Salmo 94:19 es más exacto sobre cómo se siente el consuelo desde dentro: En la multitud de mis pensamientos dentro de mí, tus consolaciones alegraban mi alma. Esa primera frase es la descripción más precisa de una cabeza sobrecargada que existe en ninguna literatura. Y el salmista no informa de que la multitud se detuviera. Informa de que algo llegó en medio de ella.
Y el Salmo 119:50 nombra el mecanismo con toda la sencillez posible: Esta es mi consuelo en mi aflicción: porque tu dicho me ha vivificado. Vivificado: le devolvió la vida. No lo distrajo, no lo calmó, no le dio explicaciones.
Sostenido
Isaías 41:10 amontona promesas de una manera que parece repetitiva hasta que se separan: No temas, que yo soy contigo; no desmayes, que yo soy tu Dios que te esfuerzo: siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia.
Dos mandatos, cada uno con su razón pegada, y luego tres verbos que no son sinónimos. Esforzar es lo que ocurre dentro de la persona. Ayudar es lo que ocurre a su lado. Sustentar es lo que ocurre cuando lo anterior se agotó y algo tiene que aguantar el peso — el hebreo usa ahí la palabra de apuntalar lo que si no se caería. La secuencia está ordenada según lo que te quede.
Y Pablo vuelve todo el asunto recíproco en vez de unidireccional: estando ciertos que como sois compañeros de las aflicciones, así también lo sois de la consolación. Compañeros: el griego dice koinonoi, socios, gente con parte en un mismo negocio. La aflicción y el consuelo se tratan como una cuenta conjunta y no como dos experiencias distintas.
Bienaventurados los que lloran
La bienaventuranza es la frase más extraña de la página, y la costumbre le ha ido gastando la extrañeza: Bienaventurados los que lloran: porque ellos recibirán consolación.
Los cristianos la han leído de más de una manera. Unos toman el llanto en sentido corriente, el duelo, y la bienaventuranza como promesa sobre el siglo venidero, cuando las pérdidas se responden en lugar de explicarse. Otros lo leen como llanto por el pecado, propio o del mundo, que es como lo entendió buena parte de la comentarística antigua. Otros lo leen como lamento profético: dolor por cómo están las cosas, que es la disposición que modelan los profetas y que el propio Jesús muestra sobre Jerusalén.
No son la misma lectura y esta página no va a arbitrar entre ellas. Lo que comparten es el rechazo de la alternativa obvia, que sería llamar desgraciado al que llora. La frase está construida para incomodar: mete bienaventurados y lloran en la misma oración y no las reconcilia con nada salvo un verbo en futuro. Recibirán consolación. De quién no se dice, y en griego esa omisión suele ser la manera de decir Dios sin nombrarlo.
Preguntas frecuentes
¿Qué dice la Biblia sobre el consuelo?
Pablo llama a Dios Padre de misericordias y Dios de toda consolación, y de inmediato da el propósito: para que podamos consolar a otros con el consuelo que recibimos. El consuelo en esa frase no es una posesión privada. Se transmite.
¿Cuál es el versículo más citado sobre el consuelo?
2 Corintios 1:3 — “Bendito sea el Dios y Padre del Señor Jesucristo, el Padre de misericordias, y el Dios de toda consolación,”
¿Qué entiende la Biblia por consuelo?
El griego es paraklesis: para, al lado, y kaleo, llamar. Un llamar-a-tu-lado. Es la misma raíz del nombre que Jesús le da al Espíritu Santo. Describe a alguien que llega y se queda, no un sentimiento que se administra, y por eso los pasajes lo emparejan con la cercanía antes que con el rescate.
¿Por qué dice 2 Corintios que somos consolados para consolar a otros?
Pablo acababa de sobrevivir a algo en Asia que lo dejó dudando de seguir vivo, y la cadena que traza va de ahí hacia afuera: el consuelo recibido se vuelve el equipo para la persona siguiente, y lo que habilita es haber estado ahí. En ningún momento dice que el mal trago se lo mandaran para eso; solo que no se desperdicia.
Temas relacionados
Escritura: Reina-Valera 1909, dominio público. Última actualización: 15 de agosto de 2026.